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AV. LARCO, LA PELÍCULA

Y por qué todos los jóvenes la deberían ver

Publicado: 2017-04-14


Fui a ver Av. Larco, la película, dirigida por Jorge Carmona, más por la presión de mi hija quien es hincha del rock de los ochentas, que por mis ganas de apoyar el cine nacional.

Sin muchas expectativas y con algo de mala sangre me senté en la butaca con mi canchita supergigante y las ganas de no aburrirme demasiado. Había leído algunas críticas previas que le daban con palo (poca profundidad  de  sus  personajes, ruidosa, mala historia blanqueada del rock subterráneo, etc.) y alguno que otro comentario del Facebook donde se protestaba contra la visión miraflorina del rock del los ochenta que se cuenta sin muchas ganas.

No soy familia de Carmona, no  soy publicista de  alguna  de las empresas auspiciadoras, no me pagan para hablar bien, es más, no suelo hablar bien del cine peruano, pero Av. Larco me sorprendió, me gustó, me divirtió y creo que ha sido hasta hoy vista y criticada con ojos mezquinos, esos ojos mezquinos tan peruanos que dicen que Claudio Pizarro es un mal jugador de fútbol, cuando en la Bundesliga es una leyenda (ese maldito don de los peruanos de menospreciar lo propio y destruirlo: el peor enemigo de un peruano es otro peruano).

Si dices que la película es una historia del rock blanqueada, con aires miraflorinos, no la has visto y estás hablando por las rodillas. La película no es, ni pretende ser, la historia del rock y menos del subterráneo. Creo que es un simple y buen retrato de lo que era el Perú en los ochenta (y lo sigue siendo en parte) una mazamorra de corrupción, discriminación, conflicto, menosprecio social, con jóvenes con sueños truncos, con violencia, con chacota y conflictos generacionales. Sí, todo eso en un musical.

¿Qué los personajes femeninos no tienen profundidad? Por supuesto. A ver ¿Busca profundidad en los personajes secundarios de La La Land ? ¿Busca complejidad en los personajes de los éxitos de Broadway que en versión cinematográfica ganaron premios de la academia: Chicago y Moulin Roug? No pues, no seas malo, es un musical no un thriller, no es una película de Woody Allen, es un musical bien hecho, no pidas más. Revisa los conceptos de los géneros cinematográficos y no hables por hablar.

Por cierto: excelente trabajo musical de Diego Dibós; bien el trabajo coreográfico manejado por Vania Masías. Muy estético todo, buen nivel.

La película se centra en la historia de un grupo de rock formado por amigos que van descubriendo no solo la música como expresión de protesta social, sino un Perú distinto al que conocen, descubren la corrupción, la violencia policíaca, la bohemia. Andrés, el pituco, hijo de un general de la policía que mira Lima desde su casa con piscina en las Casuarinas y que está harto de su sociedad.  Wicho, quien debe vencer su machismo y sus celos. Javier, que debe encontrarse a sí mismo y aceptarse, y Miki, el bufón, - tal vez el más flojo de los personajes principales- quien adquiere sentido sólo al final de la película y hace lo mejor que puede hacer su personaje (no lo diré).

El Panfleto dice que Andrés es el héroe blanco martirizado que logra salvar un país. Yo creo que Pedro es el héroe (no Andrés) el cholo del Agustino que salva al grupo, el concierto, la amistad, hace entrar en cordura al policía racista, genera reflexión, sufre la violencia y logra el respeto, y no solo en lo racial. Salva de alguna forma al Perú entero.

La cumbre del musical son, sin duda, las dos canciones mejor trabajadas: Más poder, de La Sarita, interpretada por Julio Peréz, bien pensada visualmente, intensa en significados, casi surrealista en la narración de la historia; y Nostalgia provinciana, de Los Mojarras, interpretada por André Silva; muy bien las coreografías, el vestuario, los significados, los signos, las significaciones. Difícil no emocionarse.

Bien trabajada visualmente una canción tan floja como Contéstame, de Río; no me gustó ver volar a Mayra Goñi y a Juan Carlos Rey de Castro cuando cantaban Suna de Mar de Copas; pero me parecieron buenas las mezclas musicales, las armonías, la mixtura de temas y emociones.

Me atrevo a afirmar que es una película que deberían proyectar en todas las escuelas secundarias, los jovencitos imberbes y las señoritas púberes deberían verla por varias razones:

1. Por la buena música, a ver si detiene en algo el proceso degenerativo de sus cerebros que solo escuchan reggaetón. 

2. Para enterarse de manera simple y didáctica de lo que pasó en el país en los años ochenta: terrorismo, violencia, corrupción y redención de la policía, discriminación social, migración, discriminación de las personas con opciones sexuales diferentes, los toques de queda, bañarse con una taza de agua, los apagones, las tocadas. Oportunidad para que los maestros puedan explicar un sinfín de cosas.

3. Para que entiendan que no todos los policías eran corruptos, que no todos los de izquierda eran terroristas, que Lima no es el Perú, sino que el Perú es ahora Lima.

4. Para que comprendan que la violencia solo trae dolor y lo que pasó en el Perú en los ochenta no debe volver a pasar.

5. Por último, creo que entenderán, entre bromas obscenas y algunas que otras palabras soeces, que ser joven es difícil, que los padres así les jodan la vida los aman y quieren su bienestar, que hay que luchar por los sueños.

Hay por ahí algún crítico que afirma que la primera escena con colegiales que parecen treintañeros está demás. Pero que alguien de base cuatro, me diga que no le pareció genial escuchar a Daniel F.  como profesor de colegio, diciéndoles a sus pupilos que quieren ser músicos “Te vas a morir de hambre con la música en el Perú” Sarcasmo puro, como ver a Andrés Dulude (el verdadero) haciendo de mendigo o a Cesar Bustamante de proxeneta.

No ganará el Oscar a mejor película extranjera, pero dentro del género me pareció una buena película (Muy superior a Locos de amor que era un rompecabezas mal hecho). 

Mi hija salió del cine llorando por el final y yo contento porque me gustó el mensaje, porque hacen falta mensajes de unidad en un país tan desunido así vengan de un musical y, claro, porque el asesino no era el mayordomo.


Escrito por

Tomás Carlos Barriga

Comunicador Social, Docente Universitario y escritor desolado.


Publicado en

Las Crónicas de Uqbar

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